viernes, 25 de abril de 2008

Jugar con fuego

Un día gris, de esos en los que los rayos del sol golpeaban mis ojos, apenas dejándome ver. Era verano, sentía el invierno. Mi rutina cotidiana otra vez, avanzando en el camino paralelo de siempre, como todas las mañanas, como todas las noches.

Una suerte, una desgracia, una alegría y una gran tristeza. La primera oportunidad para la primera impresión, y la segunda muestra para la segunda equivocación.

Las cartas las juega el destino, pero las mezcla el diablo.

Vos por allá, yo por allá, los dos ahí, ayer y ahora. Nada que perder, nada que ganar. Manos vacías, bolsillos llenos. Quieto como el mar y pequeña como la montaña.

Son los segundos clandestinos, esas historias que no se pueden contar, y estallan, por la vibración del sentido.

Es ese maldito colectivo que no tenía que romperse y aquel ebrio que no tenía que robar. Sólo te demorabas, corrí sin rumbo. Una tarjeta que te daba el celeste justo de mi puerta y un abrazo que me disparaba en el celeste justo del corazón.

Bajaste a terminar con lo que no tendría fin, no dormiste hasta contarlo. Seguí en el colectivo recordando a cada instante una por una de las sonrisas, cerré mis ojos para ahogar en mí lo que no podía divulgar.

No era el renglón justo ni la letra celeste para documentar tanta ilegalidad. Aprendimos mucho, y no sabemos nada. Puedo ser feliz, si me asesinas.

miércoles, 23 de abril de 2008

Calidoscopio

Soy la tibieza profunda que respira tu aliento una esperanza en la noche recostada sobre tu pecho.  Un vendaval de colores meciéndote desde el cielo soy primavera dorada en el frío gris del invierno Soy como un faro incendiando las mareas de tu pensamiento soy un recuerdo en la tarde que se lleva el viento Soy un eterno pirata tras el tesoro de tu cuerpo soy como un náufrago errante perdido entre lágrimas y sueños Soy un viajante sin rumbo por los abismos del tiempo un universo sin lunas símbolos ni misterios Soy un guardián enclaustrado bajo murallas de hielo blandiendo ruin, despiadado la daga voraz del silencio Soy como un castillo enhiesto de seda y terciopelo de secretos y temores nieve, cáñamo e incienso Soy abriles y mañanas lluvia, cobalto y fuego lo soy todo y no soy nada siempre queriendo serlo Soy el cáliz de tu boca la densidad haciéndose eco soy el fulgor de tu sombra la imagen de tu reflejo Soy la materia de tu forma la gravedad de tu centro soy como un ocaso sin sol cuando te siento lejos

miércoles, 2 de abril de 2008

Las historias, los sensibles y su hechizo

Toda historia de amor tiene un principio difícil y concluye con su merecido final feliz. Por esta razón, que es puramente lógica, las historias de amor son, sin lugar a dudas, las más hermosas para poder describir, sin importar cuan parecidas sean unas de otras y hasta sin importar si se repite el mismísimo final feliz una y otra vez.

Solamente en un abrir y cerrar de ojos, podemos recordar cientos de ejemplos… Cuando los amados se encuentran en vida o en algún paraíso, cuando los jóvenes se unen, cuando él le dice a ella que la ama y ella lo ama, cuando ella abre sus ojos y reconoce el amor de él, cuando son uno, cuando lo dejan todo, sólo para amarse… el final es feliz.

Un final feliz, aunque suena contradictorio, no cierra una historia de amor, sino que la inicia. El amor lo practican juntos, no separados. Si alguien narraría el suceso de los días junto a la persona que ama, la inmensidad de sensaciones constantes, el sentimiento intacto que se refuerza en cada sonrisa; posiblemente nadie lo leería puesto que no sería ni siquiera atractivo por no tener final y porque directamente el principio ya podría ser considerado feliz, hasta por el mismo narrador. Generalmente, lo que verdaderamente entendemos por “historia de amor”, es el camino que recorrieron ella y él, para alcanzar su felicidad, para amarse.

Claro que es una la historia que los conduce al amor, a sellar el sentimiento, a su encuentro, el encuentro con el ser de su vida, aquella persona compatible, también conocida como ‘mitad’. La mente, el alma, la piel y el corazón se fusionan para detectar a ese ser único para cada uno, esa personita que nos conquista en la mera práctica de ser lo que es, de ser como es. Ese prójimo junto al cual uno jamás va a tener temor alguno, junto al cual somos fuertes y nos atrevemos a creer en la existencia de la prosperidad.

En las prehistorias de amor, podemos entender cómo se detectan uno con el otro, los impedimentos que surgen a lo largo del camino hacia su encuentro, y por último, el gran momento donde nos explican que ‘vivirán felices para siempre’, que nada de lo que hicieron fue en vano, que todo sumó, y que el resultado logrado es el mejor.

No interesa ninguna diferencia de edad, tampoco el tiempo o el lugar en el que vivan ni los rasgos físicos de cada uno, si eso al cabo de unos años cambia y el amor verdadero es eterno. Interesa lo que son y lo que quieren ser, interesa que ella quiera a él y él quiera a ella. Interesa que sea amor. Porque ambos, sienten.

Seguramente, también conocerán las ‘historias de amor imposible’. Ésas, simplemente no han terminado de escribirse y aún poseen hojas en blanco. Por lo cuál, no han empezado, si recordamos que con el final feliz, empieza la auténtica historia de amor, manteniendo su lógico orden de sucesos previos. En cuanto a estas historias de amor que todavía no se han terminado de escribir, la única variable es ésa y nada más que esa, sencillamente, se expresa con la palabra ‘imposible’ a pesar de que ella y él sigan deambulando por el largo camino.

Por lo pronto, desde el prototipo que al menos yo conozco como historia de amor, es esto todo lo que puedo adelantar al respecto. Creo que hace mucho perdí el sentimentalismo, por lo tanto no tendría información depositada ni en mi mente ni en mi corazón, como para conseguir hablar del amor y sus características en mi propio paso por este mundo. En su máximo esplendor, desde mi parecer, el amor sigue siendo una filosofía de vida. Existe, claro que sí. No se responder la mayor parte de las preguntas que competen a su definición, así mismo eso no quita que yo pueda recopilar experiencias ajenas sobre el amor y expresarlas.


viernes, 28 de marzo de 2008

Te extraño tanto, que te necesito

Te extraño como te extrañe la noche que te tuviste que ir de mis brazos... Extraño esa noche tibia, esos ojos iluminando mi piel de madrugada, esa noche en la que tus manitos de ángel maldito me despeinaron con una sutil rapidez fugaz, contemplando la mística de nuestros cuerpos troquelados, la música a mi elección, un amanecer que quedó pendiente y un sitio pasmoso lejos de la ciudad... te extraño tanto como el día en que tocaste mi piel como si fuera una seda frágil y sentí que tenías ganas de apretujarla toda... extraño esos besos que enfurecían a mis labios de ese almíbar que no puedo dejar de beber por que ya me hizo secuaz... porque en esa piel de caramelo, cálida, encontraba esa dulzura que agrietaban mis huellas... Extraño cuando nos pasamos todo el día hablando de tonterías, y las cursilerías eran parte de las carcajadas más sutiles...
Te extraño y te reclamo aunque sea un segundo de tu vida ocupada, un lugarcito, un espacio para mi liviano cuerpo, un sitio para este par de huesos que alguna vez se quebraron frente a vos... Te extraño porque tengo ganas de abrazarte fuerte y decirte que te necesito, te extraño porque tengo ganas de besarte hasta que goteen mis labios, te extraño porque quiero mirarte, para poder así acariciarte con mi cariño más sincero... Te extraño, porque al menos quisiera verte delante de mí y hacerte una vez mío, por un instante, por medio segundo, por alguno de esos lapsos de tiempo limitado que puedas regalarme... Te extraño porque mis ojos están empapados de soledad, tengo frío y necesito tu abrigo....
Te extraño porque no puedo ni siquiera escribir tu nombre, no puedo mencionarte, ni tampoco mencionar aquellos besos que me hicieron temblar, no puedo gritar ni siquiera en silencio que esta locura que me abunda es la misma que me explica porque te siento así... Extraño esas imperfecciones que me motivan a quererte así, extraño tus sonrisas irónicas a mis errores infantiles, y susceptibles, extraño esas lágrimas de odio por no tenerte entre mis brazos seduciéndome... Te extraño aunque te tenga tan lejos, y así me prive de respirarte... Extraño esos olvidos y dispersiones que no me prestaban atención, que me enfurecían por horas, inyectándote de a pasos agigantados en mi mente... Extraño esas lecciones a mi inculta filosofía, que te hacían el más poderoso... y ahora sólo puedo extrañarte... Te extraño, por el claro motivo que te necesito tanto... por el claro motivo de que día a día te quiero más…

jueves, 27 de marzo de 2008

Aún te quiero

Con los ojitos colorados, y con lágrimas saladas de tristeza sin sentido, con la voz ronca cansada, sin ganas de hablar o quizá sin nada para decir… Todavía no entiendo porque tanta agonía, porque tanto dolor asfixiante, que no me deja si quiera mover mis atrofiados músculos... Y sin embargo no me lastimaste pero fuiste el artífice de mi caída, un cuerpo desmoronado sin fuerzas de levantarse, si siquiera habían paracaídas que me salven de este precipicio mortal... Una angustia galopante que colma en estos días de espera, en estos días en que mi mente se encuentra limitada, sin inspiración de escribir algo absurdo, o irracional... no podría describir alguna metáfora romántica, porque hace tiempo perdí el sentimentalismo... y un duelo puso manto gris a una noche radiante, espléndida como una vez me sentí dentro tuyo, y ahora con un velo despedía a mis ilusiones...

Con un hilo de voz que cada vez se iba escuchando menos, y con un grito pendiente que nadie escucharía jamás... Un enigma ficticio de una realidad sagaz y sombría cubrían mi piel de espacios, agujeros donde antiguamente habitaban tus caricias... hoy mis huesos pesan más que el gramo de conciencia que conservo entre recuerdos y deseos; pesan más que esa culpa habitué en mi inconsciente locura, y moverlos me cuesta tanto como mover una montaña de un solo golpe. Qué monotonía abunda en los rincones de mi vida, que no me deja pensar con claridad, qué volcán erupcionó antes de que lo pueda prever y salvar un átomo de mi vida, un añico de mi corazón fundido por la furiosa y destructiva lava de tus olvidos... podría paliar mis injustas conjeturas de mis desesperadas palabras, con un eco infinito pidiéndote a gritos que te quedes aún conmigo... pero un desquiciado pensamiento me prohíbe absolutamente enamorarte, una humillante imagen dolorosa se aparece en mi mente cada cinco segundos y se clava en lo que queda de mi corazón, lastimándome como lo hace un puñal clavado por la espalda .

Con mi cuerpo vencido, deshilachado y agonizante todavía puedo escribir esta fantasía triste de besarte a escondidas con esas ganas de no dejar esos besos, de tocarte con esa sutileza de no quebrarte y recorrer tu cuerpo hasta llegar al mínimo detalle de tu anatomía, de llorar por la impotencia que siento cada vez que estas cerca, por esos estúpidos prejuicios que tanto me hacen temer, que no quise creer y que fueron netamente reales... Y con un cataclismo enfurecido por la ira de mi cuerpo huérfano, desahuciado por la esperanza y la espera superficial, y aún así cansada con esos ojos llenitos de anhelos y lágrimas, sin muchas fuerzas para escribir todavía puedo decir que te quiero con esos defectos que te hacen ser tan especial para mí, con esas dudas que te perturban y no te dejan ver más allá de mi piel, te quiero con esas fuerzas que hoy no tengo ni siquiera para mencionar cuanto es lo que siento...

Te quiero con tus éxitos y tus debilidades, con tus mentiras piadosas y las verdades más dolorosas, te quiero con esas fuerzas de quererte un poco más aún... pero un tanto desorientada por mis razones inútiles de no seguir por miedo a eso que seguramente no lo voy a poder impedir yo, pero las circunstancias marcarán un destino quizá distinto al que soñé alguna vez desde aquella casualidad... porque tanta agonía, porque tan alejados en un segundo podemos sentir que no tenemos limites, que somos prófugos de nuestras fantasías irónicas, y las vez las más perfectas del mundo...

Hoy casi sin fuerzas, agonizando, puedo pronunciar de mis labios agrietados y secos que aún te quiero....